LA SOLITARIA

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El viento golpeaba su cara y movía su clara melena. Siempre le habían gustado los acantilados de Fisterra. La mayoría de brujas temían el momento en el que les tocase ir al fin del mundo, pero Lea nunca. Curiosidad la inundaba cada vez que pensaba en ese lugar. De pequeña, su madre le repetía incansablemente que no dijera esas cosas. Pero Lea no podía parar de decirlas. Ella era una bruja de la muerte.

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Miembro
3 meses 14 dias

Hacía dos siglos que no nacía una bruja de la muerte en toda Europa. Eso la había hecho ser una persona solitaria. Los mortales percibían algo oscuro en ella y no se acercaban demasiado a Lea. Las brujas, por su parte, la temían. No sabían hasta donde podría llegar su poder. La única compañía que solía tener era su gata Luna, pero no le molestaba pasar la mayor parte de su tiempo sola. Le gustaba la soledad, la disfrutaba. Podía dedicar su tiempo a lo que quisiera.
Había ido a aquel lugar a despejarse. Tenía demasiadas cosas en la cabeza y debía prepararse para afrontar aquel día. Todo el mundo estaría esperando que fracasase, pero no pensaba hacerlo. Iba a demostrar lo que valía.

Miembro
1 mes 9 dias

Tras haber organizado un poco más sus ideas, comenzó a sonreír. El tacto del viento en su piel la hacía sentir viva. Pensó en que estaba allí sola y su rostro se apagó un poco. Sí, era una bruja de la muerte, con oscuridad, pero en realidad no juzgaba al resto. Si pensaban que era fría, era cosa suya. No tenía que acercarse a nadie para poder sobrevivir. Aunque a veces pensaba que necesitaba a alguien con quien hablar y que no pensara que estaba loca. Ese alguien ya había aparecido una vez antes en su vida.

Miembro
1 mes 9 dias

Lea, ensimismada en sus recuerdos, no se fijó al dar un paso atrás y resbaló ligeramente. Cayó de costado sobre la tierra y se rozó el codo. Empezaba bien el momento de tener que hacer ver lo que valía. Rápidamente se incorporó y siguió mirando aquel bello paisaje. Se quedó de piedra al comprobar que ante sus ojos una especie de luz azulada aparecía, como un rayo. Pero no sabía qué significaba aquello, así que decidió irse antes de que ocurriera algo más.

Miembro
7 dias 22 horas

Había llegado el momento. El consejo de brujas y magos la había mandado llamar. Al ser la bruja de la muerte más joven, decidieron que le tocaba formar parte de aquel excéntrico e importante clan. Ellos eran los que decidían. Los jueces de su mundo. Pero antes de ser aceptada, debía matar a alguien. La idea no la asustaba. Desde pequeña había visto a miles de personas muertas que buscaban su ayuda o, por el contrario, que querían aterrorizarla, demacrarla. De hecho, también había matado. Es verdad que sólo lo había hecho cuando no controlaba sus poderes.
Pese a que ella se sentía atraída hacia ese mundo, no era capaz de tomar la justicia por su mano y matar a gente. Sabía que era distinta, que muy poca gente sentía atracción hacia el fin del mundo, y por ello no quería enviar injustamente a nadie a ese lugar.
Sin embargo, el consejo era distinto. Sólo decidían matar a aquellos magos o brujas que habían hecho algo espantoso. Y por eso Lea había decidido ayudar.

Miembro
7 dias 22 horas

Muchos años antes, su padre había muerto al ser atacado por una bruja que buscaba venganza. Desde ese momento, había decidido que nadie merecía sufrir lo que ella había sufrido, y que debía librar a todo aquel ser que fuese capaz de hacer tanto daño.
Había sido la última en llegar al lugar, por lo que rápidamente se dirigió al lado del consejo. Magnus, el jefe del grupo, dijo que trajeran al acusado.
Juan López se presentó sin ningún rastro de temor hacia el consejo. Aún no había notado que Lea se había quedado de piedra ante su entrada.
“No. Por favor, él no” pensó ella.
– Juan, estás acusado de matar a cinco brujas. Dos de ellas en la misma noche y las otras tres en días alternos. ¿Estás de acuerdo? – dijo Magnus.
Juan no se movió. Su rostro mostraba rabia pero no dijo nada.
– Según nuestros testigos, tu las habías visitado horas antes de que ellas apareciesen muertas. ¿Cómo puedes explicar eso?
Lea escuchaba sin poder creerse nada de lo que Magnus estaba diciendo.

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